URBAN POP SCULPTURES
· CONTEMPORARY ART ·

MI PROCESO CREATIVO

Mi obra nace del encuentro entre la materia, la emoción y la contradicción humana. No busco representar simplemente una figura, sino capturar una idea, una tensión o una pregunta que permanece abierta. 

Cada escultura es una conversación entre lo que somos y lo que aparentamos ser, entre nuestra naturaleza más instintiva y nuestra necesidad de dejar una huella en el mundo.
Trabajo con iconos universales  (animales, figuras humanas, formas y objetos reconocibles) porque forman parte de nuestro imaginario colectivo. Son símbolos que todos entendemos antes incluso de pensar en ellos. Mi intención es apropiarme de esos símbolos y transformarlos en narradores de historias, cargándolos de color, gestos, palabras y cicatrices visuales que reflejan la complejidad de nuestro tiempo.
El color tiene un papel fundamental en mi lenguaje artístico. Las salpicaduras, los goteos y las capas superpuestas no son un simple recurso estético; representan la energía de la vida, el caos creativo, la acumulación de experiencias y la huella que deja el paso del tiempo sobre nosotros. Cada mancha es una emoción, cada trazo espontáneo es un acto de libertad. Me interesa que la superficie de la obra conserve esa sensación de movimiento, como si aún estuviera transformándose frente al espectador.
En mi proceso creativo conviven dos fuerzas aparentemente opuestas: el rigor técnico y la espontaneidad. La construcción escultórica exige precisión, equilibrio y control. Sin embargo, una vez establecida la estructura, permito que el gesto intuitivo tome protagonismo. Es en ese diálogo entre control y libertad donde encuentro la identidad de cada pieza.

La influencia del arte urbano también está presente en mi trabajo. Me atrae su capacidad para comunicar de forma directa, para apropiarse del espacio y para convertir cualquier superficie en un manifiesto visual. Incorporo palabras, símbolos y mensajes que funcionan como fragmentos de pensamiento, invitando al espectador a construir su propia interpretación. No me interesa imponer una lectura única; prefiero abrir caminos y generar preguntas.
Cada obra es concebida como una experiencia. Quiero que quien la contemple sienta primero una atracción visual inmediata y, después, descubra capas más profundas de significado. La belleza, la ironía, la crítica social, la vulnerabilidad o la esperanza conviven en un mismo cuerpo escultórico, porque así entiendo también la condición humana.
Mi objetivo no es únicamente crear esculturas, sino construir presencias. Obras que ocupen un espacio físico y emocional, que dialoguen con la arquitectura, con el entorno y con las personas. Piezas que permanezcan en la memoria no solo por su tamaño o impacto visual, sino por la emoción que despiertan y por las preguntas que dejan resonando mucho después de haberlas visto.
Porque, al final, crear es transformar la materia en emoción y convertir una idea invisible en algo capaz de conectar con los demás. 

Ese es el verdadero motor de mi trabajo.


 
 
 
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